Santa María del Orinoco
Escrito por Miguel Ángel Torres.
El viaje comienza, a las 7 de la mañana salgo de Chivacoa, con destino a un lugar desconocido, a un camino incógnito para mí; pasamos por Valencia, Maracay, y desde allí tomamos rumbo hacia el sur del país. El autobús estaba lleno de estudiantes, profesores y amigos del Departamento de Tecnología de Recursos Naturales Renovables de la Universidad Politécnica Territorial de Yaracuy Arístides Bastidas (UPTYAB).
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En primer plano de izquierda a derecha, Ing. Jorge Coronel, TSU José Giménez y Ing. Ahyram Amaro. Fotografía Andrés Pacheco Benavente.
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Apenas al salir de la Cordillera de la Costa, se pasa un corto trecho que bordea la Laguna de Taguaiguai, y se adentra a la Serranía del Interior, donde se levantan unas formaciones geológicas conocidas como "Morros de San Juan", una imponente formación que se levanta sobre la ciudad de San Juan, decretado Monumento Natural desde el año 1949.
Al salir de la Serranía del Interior, se comienza a transitar por los inmensos llanos venezolanos, atravesando totalmente el Estado Guárico, donde se puede observar un horizonte por los 4 puntos cardinales sin alguna formación montañosa que lo interrumpa, se comienza a ver los garceros, morichales, lagunas, esteros; a la mitad del Estado Guárico, se encuentra su embalse homónimo, que tal inmensidad se pierde en el horizonte oriental, al pasarlo, se encuentra la ciudad de Calabozo, donde está concentrada gran cantidad de industrias del llano, al igual que al pasar la misma encontramos campos de arroz regados del agua del embalse con un sistema de riego con una longitud considerable. Al llegar a Camaguán, se pueden observar aun esteros inundados con la delgada lámina de agua que queda de la época anual de lluvia, su biodiversidad en aves es bastante colosal, se pueden observar Garzas Paleta, Morenas, Blancas Reales, Chusmitas, Zamuritas, Corocoros Colorados y Castaños, Gallitos de Laguna, Pájaros Vaco, Patos de Monte, Cigüeñas, hasta una Guacamaya Bandera. Todo esto acompañado de inmensos ríos que atravesaban la carretera. Supimos que llegábamos al Estado Apure al cruzar el majestuoso río Apure, con un ancho enorme, convirtiéndose en el río más amplio antes visto, me emocionaba aun más lo que me esperaba. La ciudad de San Fernando nos esperaba del otro extremo del río, ya con sus luces nocturnas a las 7 de la noche.
Comenzamos a andar por los llanos apureños, se comienzan a ver las estrellas por la ventanilla, una cantidad de estrellas jamás antes presenciada, además de la vía láctea. Un verdadero arrullo de estrellas que se perdía en el horizonte de toda la circunferencia. Andamos gran trecho de los llanos apureños, hasta llegar al río Capanaparo, que por ser la entrada al Parque Nacional Cinaruco-Capanaparo, había la presencia de un puesto de la Guardia Nacional en la población de Macanilla, pasamos la noche allí, estacionamos el autobús y todos a dormir.
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| Autobús de la UPTYAB. Fotografía Andrés Pacheco Benavente. |
Los ronquidos del Profesor Andrés Pacheco no dejaron dormir a varios, mi sueño no fue interrumpido por ese evento. Antes de salir el sol, salgo del autobús a presenciar el primer amanecer llanero del viaje, aves muy familiares me dan la bienvenida, Pitirres Chicharreros, Loros Reales, Paraulatas Llaneras, Torditos, Garzas en vuelo, y Pavita Ferrugínea. Apenas salió el sol, los choferes encienden el autobús y arrancamos dejando el río Capanaparo, el sol se deja ver por el oriente, un amanecer de fotografía, además de la hermosura y frescura del llano.
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| Tramo de carretera al amanecer en el PN Cinaruco-Capanaparo. Fotografía Miguel Ángel Torres. |
En el inmenso Parque Nacional transitado, se ven morichales bordeando los ríos, que a simple vista parecen infinitos, formando parte de sus bosques ribereños inundables, las aves mas avistadas en ese momento eran los Atrapamoscas Tijereta, además de Gavilanes Pita Venado, Colorados, y Caricares Encrestados en cantidad. El ancho río Cinaruco me indica el final del Parque Nacional, de allí la próxima parada es Puerto Páez, la población más al extremo sur oriental del Estado Apure y de los llanos venezolanos, allí pasamos a recoger al guía que nos llevaría a nuestro destino. Fuimos de vuelta un tramo por la misma carretera, hasta entrar a una carretera de tierra, que por estar en época de sequía la zona, nos pintaba por completo nuestros cuerpos, el autobús entero y las mochilas el polvo. Pudimos observar unas formaciones rocosas del Cuaternario, moldeadas por los grandes ríos que pasaban sus afluentes por esta tierra, eran parte de las formaciones de la Guayana venezolana pero en el norte del gran río. Luego de poco más de dos horas de transitar en la espesura de la tierra, nos adentramos en un bosque ribereño inundable, que como puerta galardonada me invitó a presenciar el cuerpo de agua fluvial mas monumental jamás visto, con aguas oscuras y un bosque aun mas enorme del otro lado apenas presenciado, es el Orinoco, me sentí insignificante con tal majestuosidad, con tal grandeza, con ese regalo de nuestra madre tierra, maravillado de sus playas enormes, de su color marrón, recordando las canciones en su honor, la historia natural descrita sobre este río grande, me dije: "ya este viaje está hecho".
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| Río Orinoco, vista desde Santa María del Orinoco, sede del Refugio y Zona Protectora. Fotografía Miguel Ángel Torres. |
Nos recibió el encargado del Refugio de Fauna Silvestre y Zona Protectora de la Tortuga Arrau, el Ingeniero de Recursos Naturales Renovables Yubane Rosales, dándonos la bienvenida a todos, agradeciendo la visita, dándonos el día libre para descansar del viaje, pero ¿cómo iba a descansar con tantas cosas imaginadas por hacer?, apenas levantamos la mirada encontramos una tropa de Araguatos, ¿qué otras sorpresas nos esperaban? Bajamos todo el equipaje del autobús y echamos un vistazo al río, nos encontramos con la Tigana en su orilla, con el Guanaguanare Fluvial sobrevolándolo, y con el Águila Pescadora perchada en una rama seca que se montaba en el río, este encuentro apenas comenzaba.
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Tigana (Eurypyga helias), en la orilla del Orinoco. Fotografía Andrés Pacheco Benavente.
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Se nos fue indicado el sitio para armar las carpas, rápidamente la armamos para meter las mochilas, sacar el equipo de campo y proceder a la exploración del lugar; el profesor Andrés y Alberto Navas se adelantaron, y al encontrármelos de vuelta me dicen que han visto al Cardenal Bandera Alemana, una sorpresa, en gran cantidad, a esta especie jamás la había visto, fui al sitio indicado y me encuentro con una población completa de Cardenales alimentándose de Patillas, fue el primer encuentro con estas aves, me sorprendió tal cantidad. Saludamos a las cocineras, y a los habitantes del Refugio, que al comenzar a hablar nos indican la presencia de los mamíferos y aves presentes en el lugar, Báquiros, Venados, Paujíes, Osos Hormigueros, Cunaguaros de este lado, Toninas, Tortugas y Manatíes en el río, y Nutrias, Jaguares, Pumas y Dantas, del otro lado en el Estado Bolívar. Con estas cortas conversaciones ya pude conocer un poco de la historia natural de la zona.
Desde el primer día pude avistar y escuchar al Atrapamoscas Barbiblanco, recordando a ese investigador del siglo pasado quien fuera uno de los personajes que iniciara la ornitología en el país, y que el género de esta avecilla, Phelpsia, fuera nombrado en su honor, una especie endémica de los llanos venezolanos; además del Turpial, el Arrendajo Común, los Oripopos residentes y migratorios, Zamuros, Caricares Encrestados, Cucaracheros Chocorocoy, Tucusos Barranqueros, Trepadores y Cucaracheros Flanquileonados. Al caer la tarde, nos preparamos a salir al río, cruzarlo, e ir a las playas donde anidan las Tortugas, cada uno con su chaleco salvavidas, y con solo lo necesario para pasar la noche en la playa del río, nos montamos en las lanchas y cruzamos el ancho río; navegar por este majestuoso río padre, donde desembocan otros grandes, que nacen en los Andes venezolanos y colombianos, otros desde el corazón de la Amazonía y/o Orinoquía, o desde las cumbres de los tepuyes de la Guayana venezolana, sentir sus aguas en la piel, recordar a las tribus nativas que vivieron de este imponente cuerpo de agua por miles de años, "¡Orinoco! ya vas llegar ¡rio hermoso! ya vas a llegar ¡Venezuela en ti palpita en ti suspira como un órgano vital!". Cada uno siguiendo las instrucciones de Yubane, guardamos silencio, apagamos las linternas y caminamos lo menos posible la playa, esto para el manejo adecuado de el sitio de anidación de la Tortuga continental más grande del mundo. Con permiso previo de Yubane, en conjunto con mi colega Miguel Martínez y Alberto Navas, comenzamos a caminar en dirección al bosque ribereño inundable presente en el Estado Bolívar, con poco más de un kilometro de caminata por toda la playa, y con casi nada de movimiento en la arena que nos diera indicios de vida, comenzamos a escuchar el sonido de los grillos, que nos indicaba la cercanía del bosque, ahora con mucho sigilo nos acercamos a la vegetación, en la arena vimos huellas que se asemejaban a la silueta de una gran Anaconda, y ya casi al llegar, faltando solo unos 100 metros, está una laguna, de donde se reflejan candiles amarillos, rojos y anaranjados, y se escucha el sonido característico de las Babas, hicimos un paneo de unos 100 metros con la linterna, y la cantidad de individuos era impresionante, estábamos en presencia de por los menos tres especies de Crocodilios, entre los que se dedujo Cocodrilos, Caimanes y Babas, hasta aquí pudimos avanzar, nos sentamos a comer patilla, mientras estábamos alerta de cubrirnos las espaldas ante cualquier movimiento extraño, saco mis cornetas y empiezo a hacer playback con las especies de lechuzas que posiblemente nos pudiéramos encontrar en la zona, a los cinco minutos después de llamar al Curucucú Común, al Lechuzón de Anteojos y al Lechuzón Orejudo, se descarga la batería, logrando ninguna respuesta, comienzo a imitar entonces al Curucucú y luego a la Lechuza Blanquinegra, esta última me responde, extrañándome totalmente, ya que esta especie se encuentra muy al norte del país, sigo imitándola para corroborar la presencia, Miguel y Alberto me comentan haber escuchado un rugido, por mi emoción con la lechuza, pasé ese ruido desapercibido, y continúo, sospechaba casi seguro de que era la Lechuza Negra quién me respondía; me señalan otro rugido que tampoco escucho, ellos alerta, y yo continúo, el tercer rugido lo escucho muy fuerte y claro, al mismo tiempo de ese sonido, cae algo al agua, y me levanto del susto inesperadamente e inconscientemente, pensé que el animal que emitía el rugido se nos lanzaba encima, luego me calmé, y retrocedimos lentamente en dirección a la orilla del río, en el camino comentamos, "era un Jaguar", estábamos en presencia del felino más grande de las Américas, y el chapuzón había sido de uno o varios Caimanes que del susto se lanzaron al agua, una experiencia que sin duda me marcará toda la vida.
Al llegar de nuevo al campamento, solo se escuchaba en la lejanía las vocalizaciones de los Guanaguanares y otras aves fluviales, todos en el campamento dormían, y aplicamos la misma, entre el frío y la arena nos echamos a dormir, no sin antes contemplar el cielo totalmente estrellado, la vía láctea hizo también su aparición, y eran incontables los puntitos blancos del firmamento, la luna salió a las 2 am, y el frío era incontenible. Antes del amanecer, me despiertan las vocalizaciones muy cercanas de las aves playeras, los Pico Tijera y Guanaguanares me sobrevolaban, y el sol salía por el oriente, el primer amanecer en el Orinoco, los colores destellan tonos diferentes y únicos, la fresca brisa acaricia mi piel, todo parece definir el mejor lugar del momento. Llegamos de nuevo a la playa, Yubane Rosales nos da un resumen del trabajo a realizar en uno de los sitios de desove de la Tortuga Arrau, la playa que pisábamos. Las Tortugas habían estado en la playa en la madrugada, así lo afirmaba uno de los trabajadores, la dinámica se hacía más interesante, comenzamos a caminar la playa, llevando de sorpresa una huella de Tortuga, una línea interminable que marcaba claramente el vientre y las patas del animal, la función era seguirla hasta el sitio de desove, al seguirla se entrecruzaban dos, y tres, y un montón de líneas más, estábamos en el sitio de mayor actividad de desove de las Tortugas, notamos que la línea se interrumpía con un lote de arena movida, un intento fallido de desove, y más adelante el indicio perfecto del nido de tortuga, la arena movida pero compactada, casi inminente al ojo humano, pero allí estaba, el lugar de desove de la Tortuga que seguíamos.
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Ingeniero Yubane Rosales mostrando al grupo el sitio de desove de una Tortuga Arrau. Fotografía Andrés Pacheco Benavente.
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Posteriormente fuimos al lugar donde los trabajadores tenían tres Tortugas Arrau, habían ido en la madrugada al lugar de desove y lograron localizar tres individuos, esperaron al desove completo de cada una y luego las inmovilizaron para que las pudiéramos apreciar. Al momento de verlas nos comentaron que era una verdadera fortuna que en solo un día pudiéramos ver las Tortugas Arrau adultas después del desove, ya que esto no pasa muy a menudo con los visitantes, era una razón más para aprovechar cada momento en el lugar, estábamos en presencia de la tortuga de agua dulce más grande del planeta. A cada individuo, se les tomó las medidas corporales para continuar con el monitoreo, una de estas Tortugas resultó ser una recaptura, una noticia alentadora, ya que esta especie repite el lugar de desove, y que mejor manera de conservar esta especie que declarándole su propio refugio; después de las mediciones, se procedió a liberar a las Tortugas, había que cargar a las damas hasta la orilla del río, un trecho considerable, para presenciar un momento especial en la historia natural de la conservación de un Quelonio catalogado en Peligro Crítico en el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, incluida además en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), al igual que en el Decreto 1.485 de Animales vedados para la caza, y el Decreto 1.486 lista de Animales en peligro de extinción.
Ya después de que las tres señoras fueran puestas en las aguas del Orinoco nuevamente, volvimos al lugar de desove para llevar los huevos a un sitio destinado a la protección de los nidos traspasados, en conjunto hasta el momento de eclosión, el sitio de mayor altura de la playa, el último en inundarse al llegar las lluvias, que permite al momento de salida de los neonatos del nido a los trabajadores del Refugio trasladarlos hasta el zoocriadero de la sede, donde allí son alimentados hasta que alcanzan una edad y tamaño estimado para su propia defensa contra depredadores. En las caminatas matutinas por la inmensa playa del Orinoco, nos encontramos con pichones y nidos de varias especies de aves, Turillos, Picos de Tijera y Guanaguanares, comprendí entonces la algarabía y el recelo que mostraban los Guanaguanares al caminar, casi se nos lanzaban encima a picotearnos, nos sobrevolaban nuestras cabezas como para que nos alejáramos del lugar, de igual forma el Turillo también mostró comportamientos extraños, caminaba de un lado a otro tratando de desviar nuestra atención de su nido, se echaba al suelo haciéndose el muerto, es sorprendente este tipo de comportamientos por parte de estas aves playeras para defender sus descendencias.
La mañana llegaba a su final, nos montamos en las lanchas y nos trasladamos hasta la sede. Nos esperaba el almuerzo, o más bien la primera comida, el Coporo en arroz, una delicia orinoquense, sació el hambre de todos. Al mediodía salimos un pequeño grupo a buscar varas para marcar los nidos de las tortugas, navegamos un breve trecho río abajo, hasta llegar a una pequeña aldea, unas casas con algunos pobladores, sus casas eran estructuras de madera con techos de palma, sospechada de Moriche, los rasgos de los pobladores eran indígenas, supe después que estábamos en territorio del grupo Pume, que se encontraba en gran parte de Apure desde el Capanaparo hasta el Arauca de sur a norte, pasando el Orinoco hasta el extremo oeste de Bolívar; me emocionaba poder encontrar grupos de nativos autóctonos desde hace miles de años, que aún sobreviven. En la orilla del río pude ver al Pato Carretero, conocido en su nombre en inglés como el “Ganso del Orinoco”, bastante peculiar al no ser nada tímido a la hora de su avistamiento, solo estaba sobre la orilla sin mucha actividad que demostrar. Caía la tarde, y los participantes, aprovechaban de bañarse en el río, oportunidad que tendría yo también unas horas después, cuando al comienzo de las cuatro de la tarde hay una algarabía entre los participantes, en la orilla del río, en frente de ellos habían pasado las Toninas, un evento que por llegar tarde no pude presenciar, mal haya sea mi suerte, algún día tenía que verlas, mi alegría a pesar de que no las pude apreciar, fue de que aún se podían ver estos hermosos y raros animales en nuestra tierra. Posteriormente los encargados del lugar mostraron su trabajo hecho en los estanques del zoocriadero, había un estanque de unos 2000 litros lleno de tortuguillos de Arrau y Terecay, las dos tortugas de río más grandes de Venezuela y de mayor prioridad de conservación, eran alimentadas para su posterior liberación al alcanzar cierta edad, peso y talla, la tarea de la presencia de los participantes era explicar cada uno de los procesos realizados en el sitio para llevar a cabalidad el programa de conservación de estas dos especies. Se procedió a sacar la cantidad de 100 tortuguillos, para realizar las mediciones correspondientes y llevar cada dato de interés estadístico que es primordial para el programa.
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Participantes escuchando el trabajo que se realiza en el zoocriadero. Fotografía: Andrés Pacheco Benavente.
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Poco más de 2 horas tardaron los participantes en lograr el objetivo, pesar y medir correctamente a cada individuo para calcular la cantidad de alimento a suministrar en el estanque, por un período de tiempo estimado.
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Participantes realizando mediciones a los neonatos o tortuguillos de Tortugas Arrau (Podocnemis expansa) y Terecay (Podocnemis unifilis). Fotografía: Andrés Pacheco Benavente.
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Cae la noche y toca la cena, o más bien la segunda comida, se trata de bagre en salsa con espagueti, una delicia orinoquense, con otro pescado de tamaño considerable que sirve de alimento a los nativos y lugareños, al igual que a muchas otras especies animales, la textura, el sabor, el cuerpo del pescado, se disuelve en las bocas de los participantes, algunos con ganas de repetir, oportunidad que no se nos fue negada por tan amables cocineras, saciamos todas las ansias, y experimenté otro plato típico de esta zona de pescadores. Todos satisfechos y agotados del trajinar del día, con un día lleno de sorpresas, todos van a sus carpas, hamacas, colchonetas a dormir y descansar. Nos quedamos otro buen rato hablando el profesor Andrés, la profesora Ahyram, Jorge Coronel, José Luis, Miguel y yo, presenciando la orilla del gran río, las luces de las estrellas, la brisa muy suave del lugar, recopilando y comentando lo hecho hasta ahora, historias vividas, experiencias de vida, hasta que el sueño terminó por tumbarnos a la orilla del barranco que era inundado en época de lluvia, a escasos metros de las carpas y cabañas, allí pasamos la noche para presenciar una vez más el amanecer en un lugar sublime de la madre tierra.
El amanecer en la orilla del barranco, me permitió observar claramente la salida del sol del otro lado del gran río, se reflejaba en sus aguas una línea, estas aguas nada tenían que envidiarle a la inmensidad del mar, el reflejo atravesaba de punta a punta el ancho del río, y de nuevo la tonalidad de los colores era única, la bandera tricolor ondeaba con otros tonos más sepia, ondeaba reflejando el color del Río Orinoco. Tocaba recoger todas las cosas para dejar el Refugio, esperábamos las lanchas que nos llevarían hasta Puerto Páez, aproveché la demora para compartir mis patillas con los Cardenales, pensé en que si eran tan mansos me sería fácil que comieran encima de mí, les coloqué trozos de patilla cerca de mí, encima de mí y me camuflé con algunos elementos, y un sombrero; con bastante paciencia después de unos 40 minutos comenzaron a llegar los individuos a alimentarse de los trozos más lejanos, se acercaban poco a poco consumiendo la patilla, ya sentía la brisa de los aleteos, eran muchos, hasta que de pronto llega un visitante inesperado a comer del trozo de mi pecho, un Cucarachero Chocorocoy, y a los 30 segundos por fin un individuo de Cardenal Bandera Alemana consume patilla encima de mi pecho, es el encuentro más cercano que tuve con las aves. Ya me quedaba dormido, cuando Miguel me llama, ya había llegado el transporte, las lanchas que nos llevarían de vuelta a Puerto Páez. Procedimos a llevar todo el equipaje a las lanchas, una de estas se fue casi repleta solo de ellas, luego otra más pequeña se llevó un lote de participantes en conjunto con Ahyram, y en la última el lote restante donde yo estaba; el recorrido por el río Orinoco fue único, atravesar sus cálidas aguas, sentir el rocío en el rostro producto del choque con la lancha, dejar una huella de burbujas detrás, presenciar cada formación boscosa, rocosa, las islas, las playas, los niños Pume y Guajibos bañándose en ellas, y el sol incandescente nos hacía envidiar en el momento esos baños en el río; cuando el sol ya se reflejaba en las enrojecidas pieles de algunos viajeros en lancha, ya poco después de dos horas de viaje, se asoman dos jorobas grisáceas simultáneamente en las aguas del Orinoco por el oriente, a la izquierda de la lancha, expreso emocionado “Toninas”, varios participantes despertaron, nadie me creía hasta que volvieron a salir, hasta que por fin las pude ver entonces.
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| Participantes en el viaje en lancha desde el RFSZPTA hasta Puerto Páez. Fotografía: Andrés Pacheco Benavente. |
Por fin llegamos a Puerto Páez, estábamos en la encrucijada, la tierra que pisábamos era el Estado Apure, si mirábamos hacia el noreste estaba el Estado Bolívar, si mirábamos hacia el sureste estaba el Estado Amazonas, y hacia el Sur pasando el Meta estaba la República hermana de Colombia.
El viaje de regreso comenzaba el día sábado 21 de Enero salimos de la población de Puerto Páez, llevando a cabo uno de los viajes más rápidos antes presenciado; justo antes de llegar al río Capanaparo presenciamos al oeste los médanos fluviales de Apure, con una extensión bastante considerable, un momento raramente no apreciado en el viaje de ida, cabe destacar que estos médanos son el producto de los sedimentos arrastrados y la acción del viento en los grandes ríos del estado Apure hacia el Orinoco. Pasando el río Capanaparo, los caños del Parque Nacional, el Cinaruco, el río Arauca, llegamos a Biruaca y a San Fernando, allí cargaron el tanque de Gasoil, para atravesar el río Apure, adentrarnos en el Estado Guárico, seguir un tramo de los llanos centrales venezolanos, atravesar por completo ese gran estado hasta San Juan de Los Morros y Villa de Cura, antes de llegar a Maracay hacer otra parada en Cagua y seguir el viaje, bordeando la Laguna de Taguaiguai, un atardecer poético se presentó, nos lo regalaba la laguna, un reflejo naranja en el cielo y en sus aguas, por el sol que se ocultaba en su horizonte occidental. Anochece al pasar Maracay, luego Valencia, Morón y sus apestosas industrias para adentrarnos en el pequeño Yaracuy, y llegar a San Felipe a punta de 10 y 30 de la noche, poco más de 12 horas en atravesar desde la frontera sur del llano venezolano hasta la Cordillera de la Costa al norte del país, un viaje que me marcará para toda la vida, por su importancia conservacionista, de conocer el corazón del hábitat de una especie majestuosa de Tortuga de Agua Dulce, la más grande de estas en el planeta, de conocer el río más grande y majestuoso del país, uno de los 10 más grandes del mundo, en longitud y caudal, que nace en el corazón de la Selva Amazónica y de su propia Orinoquía. Agrandando aun más este corazón ambientalista, conservacionista, invitándolos entonces al contar este pedacito de mí historia a apreciar verdaderamente cada elemento presente en la naturaleza, en nuestro entorno, a sentirse parte del ecosistema aunque sea por un momento en cada área natural visitada, a respirar hondo en esos momentos, a dejar las tecnologías y escuchar la naturaleza, a sentir el sol, la lluvia, el río, el mar, la brisa, la arena o la tierra en los pies, la corteza de los árboles, las estrellas y astros del universo por la noche, acostarse y quedarse dormido con el arrullo de las estrellas, y amanecer con el alegre canto de las aves para ver el inicio de otro gran día en esta Tierra, recordando esa frase de ese líder indígena norteamericano "la naturaleza no nos pertenece, nosotros le pertenecemos a ella".
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| Mural de Identificación del RFSZPTA, en su sede en Santa María del Orinoco. Fotografía Andrés Pacheco Benavente. |
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| Por aquí pasó una Tortuga Arrau en su viaje a desovar en las playas de río Orinoco. Fotografía: Miguel Ángel Torres. |
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICAS
Rodríguez, J.P. & F. Rojas-Suárez (eds.) 2008. Libro Rojo de la Fauna Venezolana. Tercera Edición. Provita & Shell Venezuela, Caracas, Venezuela. 322 pp.
Rodríguez, J.P., F. Rojas-Suárez & D. Giraldo Hernández (eds.) (2010). Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela. Provita, Shell Venezuela, Lenovo (Venezuela). Caracas: Venezuela. 324 pp.












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