Un bosque digno de un Quetzal
Un día lluvioso por fin
amanece, ha llovido toda la madrugada, sale el Sol y el agua se calma, café al
fogón, los buenos días de los visitantes que se preparan para sus excursiones
mañaneras, al igual que por nuestra parte, Delvis y Rusmeri, preparamos todo,
el almuerzo, galletas, suficiente agua, pan, dulce de lechosa, cámara, GPS,
bolsas e impermeables, con nuestras botas de goma y todo colocado en nuestros
bolsos, para salir de la estación a las 930 horas; comienza en ascenso a
Zapatero y la primera aparición es el interesante Bachaquero, su canto melódico
y su plumaje amarillo se asoma de manera curiosa justo en frente para ser
observado por los lentes de los binoculares, este animalito prefiere bosques
primarios y secundarios.
Continúa el ascenso y
en el sendero se aprecian Melastomatáceas con sus blandas y esponjosas hojas
suaves que las caracterizan, el sudor comienza a refrescar mi cuerpo, al igual
que un sorbo de agua; se presentan pericos, cucaracheros, azulejos y en árboles
floreados aparece una paraulata, difícil de identificar hasta el instante en
que suelta desde su siringe su canto melódico de tonos agradables, es apreciada
con gran admiración para seguir sus actividades al salir volando. El ascenso a
Zapatero continúa, realizando paradas esporádicas para tomar aliento, un poco
de agua, saborear galletas rodeados de Helicóneas coloridas y del Colibrí Cola
de Oro que las poliniza; nos levantamos y seguimos el camino por mosaicos de
hábitats hasta adentrarnos en el bosque húmedo, nos sorprende que en plena
sequía encontramos afluentes con agua corriente, “con razón se escuchaban a las
Ranitas de Collar”, cruzando uno de estos afluentes pasan frente a nosotros dos
grandes aves coloridas, en primera impresión: “Sorocuás”, perchados en palmas y
en árboles que surgen de las piedras que bordean el afluente sea pasean entre
ramas una magnífica y hermosa pareja, el macho expone su pico dorado, abdomen
rojo intenso, cola blanca, cabeza verde y lomo azul verdoso de sus alas se
denotan unas plumas que adornan aun más su figura, la hembra cautelosa expone
sus colores casi idénticos también muy llamativos, revolotean con vuelos cortos
y su obsequio final es su maravilloso canto que nos hace recostarnos entre
piedras, apreciando cada segundo entre los lentes de los binoculares y la
cámara. La pareja de quetzales por fin se aleja, la altura que marca el GPS:
550 msnm, y el bosque húmedo se nota cada vez más prístino, cantan a lo lejos y
la caminata sigue.
Las Ranitas de Collar
continúan su canto intensamente, comienzan a aparecer cada vez más individuos
de Candelo, cada vez con mayor diámetro, Selaginelas y Helechos Arborescentes,
ya mi sudadera se impregna totalmente de sudor, alzo mi vista al escuchar una
algarabía de vocalizaciones familiares, una pareja de avecillas de color verde
con cabeza de plumas rojas saltan entre ramas de un gran árbol, reconocidas
fácilmente aún sin ayuda de binoculares. Subiendo más y más el cerro Zapatero,
el caminar entre el bosque se hace sin gran esfuerzo, se aprecian grandes
Candelos y en el suelo sus semillas, desde el dosel de éstos vocaliza una
paraulata, su repertorio bastante melódico, con prolongación sin preocupación,
entre la humedad y la frescura del bosque casi ya siendo mediodía.
La humedad y frescura
del bosque se hace más intensa, las botas de goma se llenan cada vez de más
barro, es el ecotono, una gran franja entre el bosque húmedo y el nublado,
tomamos una pausa ya en horas de la tarde para comer; en el suelo flores de
alguna especie de parchita exhibe un color morado y un aroma perfumado muy
agradable, irresistible debe ser para insectos. Se rompe el silencio del bosque
cuando una gran rapaz nos sobrevuela y vocaliza en el bajo cielo a unos 700
msnm y marca el final del ascenso de esta excursión, con grandes sorpresas que
me llena de mucha satisfacción y ganas de querer repetirla unas cuantas veces
más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario