viernes, 6 de abril de 2018


Un bosque digno de un Quetzal


Un día lluvioso por fin amanece, ha llovido toda la madrugada, sale el Sol y el agua se calma, café al fogón, los buenos días de los visitantes que se preparan para sus excursiones mañaneras, al igual que por nuestra parte, Delvis y Rusmeri, preparamos todo, el almuerzo, galletas, suficiente agua, pan, dulce de lechosa, cámara, GPS, bolsas e impermeables, con nuestras botas de goma y todo colocado en nuestros bolsos, para salir de la estación a las 930 horas; comienza en ascenso a Zapatero y la primera aparición es el interesante Bachaquero, su canto melódico y su plumaje amarillo se asoma de manera curiosa justo en frente para ser observado por los lentes de los binoculares, este animalito prefiere bosques primarios y secundarios.

Continúa el ascenso y en el sendero se aprecian Melastomatáceas con sus blandas y esponjosas hojas suaves que las caracterizan, el sudor comienza a refrescar mi cuerpo, al igual que un sorbo de agua; se presentan pericos, cucaracheros, azulejos y en árboles floreados aparece una paraulata, difícil de identificar hasta el instante en que suelta desde su siringe su canto melódico de tonos agradables, es apreciada con gran admiración para seguir sus actividades al salir volando. El ascenso a Zapatero continúa, realizando paradas esporádicas para tomar aliento, un poco de agua, saborear galletas rodeados de Helicóneas coloridas y del Colibrí Cola de Oro que las poliniza; nos levantamos y seguimos el camino por mosaicos de hábitats hasta adentrarnos en el bosque húmedo, nos sorprende que en plena sequía encontramos afluentes con agua corriente, “con razón se escuchaban a las Ranitas de Collar”, cruzando uno de estos afluentes pasan frente a nosotros dos grandes aves coloridas, en primera impresión: “Sorocuás”, perchados en palmas y en árboles que surgen de las piedras que bordean el afluente sea pasean entre ramas una magnífica y hermosa pareja, el macho expone su pico dorado, abdomen rojo intenso, cola blanca, cabeza verde y lomo azul verdoso de sus alas se denotan unas plumas que adornan aun más su figura, la hembra cautelosa expone sus colores casi idénticos también muy llamativos, revolotean con vuelos cortos y su obsequio final es su maravilloso canto que nos hace recostarnos entre piedras, apreciando cada segundo entre los lentes de los binoculares y la cámara. La pareja de quetzales por fin se aleja, la altura que marca el GPS: 550 msnm, y el bosque húmedo se nota cada vez más prístino, cantan a lo lejos y la caminata sigue.

Las Ranitas de Collar continúan su canto intensamente, comienzan a aparecer cada vez más individuos de Candelo, cada vez con mayor diámetro, Selaginelas y Helechos Arborescentes, ya mi sudadera se impregna totalmente de sudor, alzo mi vista al escuchar una algarabía de vocalizaciones familiares, una pareja de avecillas de color verde con cabeza de plumas rojas saltan entre ramas de un gran árbol, reconocidas fácilmente aún sin ayuda de binoculares. Subiendo más y más el cerro Zapatero, el caminar entre el bosque se hace sin gran esfuerzo, se aprecian grandes Candelos y en el suelo sus semillas, desde el dosel de éstos vocaliza una paraulata, su repertorio bastante melódico, con prolongación sin preocupación, entre la humedad y la frescura del bosque casi ya siendo mediodía.

La humedad y frescura del bosque se hace más intensa, las botas de goma se llenan cada vez de más barro, es el ecotono, una gran franja entre el bosque húmedo y el nublado, tomamos una pausa ya en horas de la tarde para comer; en el suelo flores de alguna especie de parchita exhibe un color morado y un aroma perfumado muy agradable, irresistible debe ser para insectos. Se rompe el silencio del bosque cuando una gran rapaz nos sobrevuela y vocaliza en el bajo cielo a unos 700 msnm y marca el final del ascenso de esta excursión, con grandes sorpresas que me llena de mucha satisfacción y ganas de querer repetirla unas cuantas veces más.



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