martes, 17 de septiembre de 2019

Parque Recreacional Cumaripa.

Texto: Miguel Ángel Torres.

Tomo mi morral y salgo a la calle luego  de un chaparrón de agua que amenaza con complicar la salida, tomo un taxi y llego a la Plaza Bolívar, un sábado no muy ajetreado por los habitantes; la señal telefónica por fin permite llamadas luego de dos horas de ausencia, se reportan los visitantes para anunciar su salida hacia este destino, toca esperar. La espera en principio se hace tediosa, se anuncia Juan Camacho y es el primero en llegar, caso muy curioso, la hora de encuentro eran las tres y media de la tarde, en mi caso puntual, el me comenta que ha llegado a las “tres y veintidós” pero que se había ido del lugar al ver con preocupación mi ausencia, en fin, caso cómico de este personaje, quizá con visiones profesionales distintas, pero bien adaptado a ser parte de la conservación de los ecosistemas.

Aprovechamos el tiempo de espera para poder comprar pan y otras cosas, aparece de frente por la acera Silvia López, para ser una conversa amena hasta por lo menos las dos horas siguientes. Se reporta Juan Escudero al teléfono anunciando que se llegará por su propia cuenta al destino.

Luego de unas vueltas por calles cercanas, volvemos a la plaza para recibir a los visitantes; Fabián Hernández anuncia su llegada a la pequeña ciudad de Chivacoa, sigue mis instrucciones para poder llegar hasta el momento en que logro verlos a unos 100 metros, mi semblante de preocupación cambia por completo y se hunde en una calmada alegría con un toque de nervios y ansiedad. Llegan los carismáticos Fabián y Simón Camacaro junto a Ramón Valoiz Álvarez, Anahis Vega, Eugenio Jiménez, Delvis Perdomo y a manera de sorpresa inesperada y agradable Massiel Niazoa.

Le anuncio la llegada al chofer para tomar la pequeña buseta y salir al destino. Una muy buena energía de risas se respira dentro de la misma, mientras el visitante disfruta el panorama; al comenzar el puente cambia en sus miradas la emoción y ansiedad interna del espíritu del visitante, el apreciar el cuerpo de agua represada mas grande e importante del Estado Yaracuy, llegamos al final del camino en que se despide el transportista.

Comienza una caminata muy amena con los nueve integrantes de la travesía, donde la conversa se convierte sin querer en una guiatura; entre Albañiles se deleita el sabor dulce-ácido del Jobo que abunda a mitad de la época lluviosa. Un túnel de Siempreverdes que bordean la carretera anuncia la entrada al Parque Recreacional Cumaripa y la llegada al destino; caminamos hacia nuestra estancia donde saludamos con gran gusto a Bladimir Durán, quien nos ubica un espacio donde instalarnos.

Armamos carpas y colgamos hamacas mientras conversamos, en el momento en que llega Juan Escudero con su simpática señora Nieves Lozsán y el tocayo Miguel Ángel Centeno, gustosamente nos presentamos para anunciar el plan de trabajo de la salida de campo, objetivo de este agradable encuentro.

Linternas en mano, cena en morral y mucha emoción en una sigilosa caminata, se repetía el inicio en menos de dos años del monitoreo para la conservación de los Strigiformes venezolanos, estudiando más a fondo las poblaciones y comunidades de estas nobles, curiosas e imponentes rapaces nocturnas. Se le da apertura entonces al primer punto de conteo de la primera transecta con el objetivo del estudio de “Lechuzas de los Parques del Yaracuy”, llamando Pavitas, Curucucúes, Lechuzas y Lechuzones.

En el momento en que transcurre el punto de conteo se explica la interesante práctica del monitoreo de estas especies, donde los ecosistemas, las condiciones climáticas, la sanidad del bosque, la época del año, las fases lunares, influyen tanto en la composición como en el comportamiento de la comunidad de rapaces nocturnas; mientras algunos comen, con oídos y vista atentos, recae sobre la conversa algunas reseñas sobre las Lechuzas venezolanas, los enigmas, las especies esperadas en el lugar, en el momento en que se ven unas sombras pasar entre el follaje de los árboles, todos nos levantamos emocionadamente lampareando cada tronco, rama, hoja de los árboles, una sombra de una envergadura que ronda fácilmente el metro de ancho se posa en una rama frente a todos, las linternas hacen que el individuo destelle sus colores brillantes, su silueta y el reflejo de sus enormes ojos rodeados por unos arcos de plumas blancas, collar blanco en su rostro café y ojos amarillos, pecho y abdomen amarillento-naranja y un aspecto rechoncho de plumas suaves, el Lechuzón de Anteojos deleita la vista de cada uno de los encantados y fascinados espectadores, es apreciado por instantes para perderse en la vegetación. Juan Escudero busca afanosamente una fotografía del ejemplar, en el momento en que inesperadamente comienza lento y en tono bajo a vocalizar para ser presenciado en su totalidad, no solo uno, sino dos Lechuzones de Anteojos cantando a la par por varios minutos (https://www.xeno-canto.org/contributor/QICUNWILKU); no conforme con ello, los individuos siguen sobrevolando de rama en rama y de copa en copa de los árboles para ser presenciada aun mejor su majestuosidad.

Seguimos avanzando dejando el espectáculo de Lechuzones. Al momento de aplicar el segundo punto de conteo se despeja el cielo dejando apreciar una gran Gibosa Creciente casi en el cénit, junto con algunas estrellas que dejaba ver el resplandor de su reflejo. De aquí en adelante, los siguientes cuatro puntos de conteo solo dejaron apreciar las vocalizaciones de Aguaitacaminos, Alcaravanes, con el fondo del ulular de la pareja de Lechuzones de Anteojos.


IMAGEN 1: Luna en fase de gibosa creciente. Fotografía: Juan Escudero.

Ya culminada la transecta, volvemos a nuestra estancia, en que los chicos comentan lo acontecido y no piensan mucho en meterse al balneario del embalse ante tan calurosa noche. La muy amena conversa permite que  fácilmente se hicieran las dos de la mañana en el momento en que salimos del agua para irnos a dormir.

IMAGEN 2: Grupo de visitantes en el balneario del embalse a la media noche. Fotografía de larga exposición con algunas luces de Chivacoa de fondo. Fotografía: Juan Escudero.

Las Guacharacas nos pegan un susto en medio de la madrugada, aunque se escucha un ronquido dentro de una carpa al que no parece molestarle el estruendoso canto ronco. La alarma suena a las cinco y media y el amanecer es con el trinar de Canarios, Paraulatas, Loros y Chiriguares.
Desde el momento en que todos salen de sus carpas y bajan de sus hamacas, piensan en desayunar para ir de pesca al embalse; con caja y cañas de pescar en mano, Fabián, Delvis y Ramón realizan recorridos con el fin de buscar buenos sitios.

IMAGEN 3: De izquierda a derecha: Simón, Ramón, Massiel y Delvis, practicando la pesca con caña dentro del embalse. Fotografía: Fabián Hernández.

Se presencia el panorama de la mañana fresca, con una tenue brisa fría, suaves rayos solares, concierto de aves canoras al unísono, el celeste firmamento con blancas y algodonosas nubes, algunas coronando el Macizo de Nirgua y la Montaña de Sorte en sus copas, y el reflejo de todos estos elementos en el inmenso espejo de agua del río Yaracuy represado a la altura de Cumaripa.

Caminar el parque, hablar del trabajo, de la etapa de la historia venezolana que nos tocó respirar, de familiares y amistades anecdóticas que han tomado nuevos rumbos, comentar visiones de futuro, optimismos, experiencias de tristezas, enseñanzas, fracasos, logros, rabias, alegrías, relatos de gustos musicales, literarios, pensamientos; compartidos sin nada que temer o que cohibirse, con un carisma, alegría, felicidad, tranquilidad, elocuencia, y una energía muy positivista que se transmite en cuerpo y espíritu por medio de la agradable conversa de palabras, gestos, miradas y presencia en que toda preocupación se esfuma y se olvida en el momento en que el universo nos atrapa en una breve historia de caminata y pajareada por el parque bordeando el espejo de agua.

Una hembra de Espiguero presume su identificación al unir su comportamiento con un macho de Espiguero Pico de Plata en el pastizal, el Arrendajo atrapa los recuerdos de Massiel, al ser similar un encuentro en su ciudad con un Conoto Negro, esta vez puede apreciar sus diferencias ayudada por el aumento de los binoculares: iris azul, rabadilla amarilla, entre otros facciones llamativas que se pueden identificar. El Bobito Aguantapiedra se oculta raramente en el dosel de un gran árbol, pero su melancólico y constante canto permite poder ubicar y describir con palabras propias su interesante y extraño comportamiento, de apariencia rechoncha y gran pico, a pesar de su coloración opaca, es bastante llamativo a sus ojos.

IMAGEN 4: Massiel en observación de aves. Fotografía: Juan Escudero.

Nos acompañan los Torditos, las Paraulatas y los Critofué con los numerosos Canarios, cuando aparecen a la vista Miguel Centeno, Nieves y Juan Escudero, que habían iniciado su pajareada mucho antes. Aprecian a la distancia en el embalse a una Garcita Azul bastante alejada, pueden ser apreciadas también las Viuditas Acuáticas y las Gallinetas de Agua, bastante comunes y abundantes a lo largo y ancho del embalse.
De manera especial es bien apreciado el Gallito de Laguna por Massiel, quien expresa su admiración por tan hermoso colorido plumaje y graciosa figura. Una Cotúa Olivácea se ve perchada en una rama de un gran Caracaro sobre el embalse; dos, tres, cinco, ocho, doce y hasta 18 individuos en el mismo árbol que, al ver acercarse el grupo de cinco extraños, salen huyendo no sin antes poder sido fotografiadas por Juan Escudero.

IMAGEN 5: Gallito de Laguna (Jacana jacana). Fotografía: Juan Escudero.

IMAGEN 6: Cotúa Olivácea (Phalacrocorax brasilianus) con plumaje nupcial. Fotografía: Juan Escudero.

Más adelante nos espera el Pecho Amarillo Orillero entre Gallitos y Gallinetas. En el siguiente Caracaro se escuchan las risas malvadas y roncas de las Cotúas que habían salido del anterior. Entre el barro que dejó la lluvia del día anterior podemos apreciar unas huellas plasmadas de un pequeño felino, se trata de una caminata de más de dos metros de un “Cunaguaro” dejada en el barro. Los Alcaravanes toman un comportamiento esquivo, alerta, gracioso, distrayente, como queriendo ocultar algo, al final solo nos conformamos con apreciarlos y verlos a la distancia.

IMAGEN 7: Alcaraván (Vanellus chilensis). Fotografía: Juan Escudero.

Volvemos a la estancia, donde el calor de la mañana se acentúa y nos invita a entrar de nuevo al balneario. De nuevo la conversa se vuelve agradable entre el círculo de amistad; desde la orilla Juan Camacho aprecia su momento en el lugar, meditando, relajado, perdido en su instante.
La cocina aguarda por la preparación del almuerzo, Juan Camacho se ofrece sin ningún recelo a preparar arroz, con ayuda suficiente preparamos arepas, en el momento en que Juan Escudero, Miguel Centeno y Nieves se despiden de los visitantes, al terminar su importante aporte en la visita y enrumbarse a sus hogares.

IMAGEN 8: Nieves Lozsán y el grupo de observadores de aves. Fotografía: Juan Escudero.

El momento de almorzar se da mientras pasan las horas mas calurosas refrescadas por el agua del embalse, salimos de el y al mismo tiempo de comer el rico arroz bien acompañado, vamos de a poco descolgando hamacas, guardando carpas y armando los morrales para posteriormente despedirnos de la estancia, del señor Bladimir y del Parque Recreacional Cumaripa.

Justo en el momento en que salíamos del Parque, también va saliendo un minibús que destellaba una algarabía con sus abundantes tripulantes; se paran a un lado y nos invitan a montarnos y darnos una oportuna cola hasta Chivacoa. Un equipo femenino de jóvenes deportistas tiene una fiesta armada dentro del minibús, de pie y sentadas, salían recién del balneario aun mojadas, cantando y bailando con una alegría y jocosidad particular, no temen a los extraños que se montan en su transporte y continúan su fiesta como si nada. Nos llevan amablemente hasta la Plaza Bolívar de la pequeña ciudad de Chivacoa y seguir su camino.
La Estación del Ferrocarril aguarda a los visitantes que con gran alegría y satisfacción de los momentos vividos, comentan su interés en volver en una siguiente ocasión. Espero la hora de llegada para despedirlos amablemente agradeciendo a cada uno su valiosa asistencia, colaboración, acompañamiento y el compartir del inicio del trabajo de investigación disfrutado al máximo con su estancia en el Parque Recreacional Cumaripa.

IMAGEN 9: De izquierda a derecha: Miguel Ángel Torres, Miguel Ángel Centeno y Juan Escudero. Fotografía: Nieves Lozsán.

IMAGEN 10: Grupo de visitantes de izquierda a derecha: Ramón Valoiz Alvarez, Delvis Perdomo, Eugenio Jiménez, Massiel Niazoa, Anahis Vega, Juan Camacho, Simón Camacaro y Miguel Ángel Torres. Fotografía: Fabián Hernández.

jueves, 11 de julio de 2019

Abrazo

El trajín de madrugar más de la cuenta no preocupa si hay motivación.
Caminar las calles del barrio en horas donde el firmamento se ve estrellado,
aun faltando dos horas para el amanecer;
desgastar bruscamente las suelas de mis zapatos
con tal de no encontrar los rieles vacíos
y que tanto esfuerzo valga la pena,
reflejándose en el momento de pasar mi boleto al tripulante del carro
que aguarda en la puerta para abordar.
Recostarme de a ratos para tomar siestas cortas
mientras los primeros rayos de sol atraviesan la ventana
y las cortinas del carro;
ver la ciudad y sus conspicuas edificaciones,
se emociona mi espíritu al sentir que el motor desacelera
y el tripulante guía anuncia el destino,
da chance de estirarse antes de tomar el bolso y salir del carro.
La brisa fría de la época lluviosa siempre es una buena acompañante
que crea sin duda buenos momentos,
las largas caminatas nunca son molestas,
sobre todo si está la radio en mi auricular.
Mis latidos se aceleran rápidamente
haciendo que se estremezcan venas y arterias en todo el cuerpo
y me sacan sonrisas inconscientes mientras disfruto al escuchar y cantar.

Espero minutos, horas y hasta días
antes de sentir que mi cuerpo tiemble más de la cuenta
al acercarse ese momento esperado.
Mi mente relajada al oír la radio con su fresca programación
se abre aun más al separar el auricular de mi oreja,
la brisa en las hojas de los árboles,
mis pasos sobre la tierra, los charcos, las piedras y la hojarasca,
sonidos automotores,
las aves canoras son reconocidas agradablemente,
charlas citadinas.
Todo se detiene en el momento donde mi visión obtiene imágenes
en cuadros de deleite de colores,
formas y profundidad en composiciones naturales
que son inmortalizados en mis recuerdos,
absolutamente todo es enmudecido
en el momento que escucho su dulce,
tranquilizante, reconocida e hipnotizante tono de su voz,
este momento de felicidad única
se concluye finalmente añadiendo
el éxtasis del sentir irradiante del contacto en un abrazo.

lunes, 29 de abril de 2019

Buenos Aires

Los Indios Desnudos fructificados se notan en la avenida Libertador, en el momento en que guardo unas cuantas frutillas mis manos se impregnan de un suave látex perfumado similar al mentol, la suave brisa acompaña mi caminar enfriando mis mejillas y manos, y el tenue Sol apenas me calienta. Llego a la entrada de la avenida Morán del Zoológico y encuentro solo a Ricardo Russel, esperamos al resto del grupo mientras observamos a los Maracanás que sobrevuelan la ciudad de Barquisimeto.
Ricardo Milán, Ruben, Oscar Ortiz, Delis Huertas, Simón Camacaro, llegan poco a poco a la concentración al igual que Saraí Castro que llega desayunando empanadas una, dos, tres y hasta seis empanadas aun después de haber arrancado el minibus que nos llevaría al destino.
Salimos de Barquisimeto, pasamos Quíbor, El Tocuyo, bordeamos el embalse Dos Cerritos apreciando a los Barraquetes, los Buzos y Cotúas, la carretera bordea al río Tocuyo que atraviesa un valle cada vez más angosto entre las formaciones andinas; apenas se aprecian relictos del semiárido. Llegamos a Humocaro Bajo y el minibus hace una parada corta, para luego arrancar y trazar la retorcida carretera hacia Humocaro Alto, subiendo entre curvas a orillas de barrancos que bordean las montañas, por fin llegamos al destino en horas del mediodía.

Desde la Plaza Bolívar salimos con apenas el equipaje necesario para la caminata ya que el resto lo subirían en carro. El señor José Luis Sequera es el guía principal del grupo de 23 personas, nos cuenta ciertos detalles en el transcurso del recorrido, cortamos camino en varias oportunidades en el largo trajinar, atravesamos cafetales, vaqueras, potreros, el tramo de mayor dificultad comienza en una casita en donde tuestan café aprovechando el sol que calcina, en el recorrido nos encontramos con un dulce naranjal que deleita las pupilas de los caminantes, acompañados de portales de Barbas de Palo que adornan de manera peculiar a los árboles que emergen en los campos, además de los extraños helechos que aprovechan de prosperar en los lugares de mayor humedad del sitio.
Casa típica de las fincas cafetaleras de los Andes Larenses.
El paisaje es monótono y homogéneo entre campos de café en donde apenas emergen Bucares y Melastomatáceas florecidas, Pinos y Eucaliptos en las cumbres de las rocosas y escarpadas montañas, apenas se escuchan a los Querrequerres, los Conotos, Tucusos y se aprecian Pitirres Chicharreros y Atrapamoscas Pecho Amarillo, el ecosistema ni siquiera se define en todo el recorrido, relictos de semiárido y plantas de sotobosque en los delgados afluentes que descienden montañas abajo, incluso el aire es seco con casi nula humedad.
Melastomatácea florecida encontrada en el ascenso hacia Buenos Aires.
Cae la tarde y el camino parece interminable, Ruben sigue el rápido ascenso con cierta dificultad, siendo su primera caminata de tal magnitud; comienzan a aparecer Guacharacas, Paraulatas de Rabadilla Gris y Cabecinegras que anuncian la proximidad al destino, los cafetales quedan atrás y bordeamos Pinos y Eucaliptos acompañados con un contraste que nos brindan las montañas con los colores que descubren los rayos del sol al lugar, las pinnas y ramas del Pino silban con la tenue brisa fresca, el suelo ahora es más rocoso y desnudo por consecuencia de los cultivos de Pino, se escucha la quebrada Buenos Aires con gran intensidad y se pueden apreciar sus caídas que causan estruendo al fondo del estrecho valle, el agua jugando con la gravedad y las piedras en su carrera hacia el Mar Caribe.
Panorama andino al atardecer.
Por fin llegamos al Puesto de Guardaparques cuando ya caía la tarde, nos dirigimos a saludar a cada uno de ellos, para luego pasar por los puentes colgantes las frías quebradas de Buenos Aires y llegar a instalarnos en Valle El Eucalipto donde nos reciben las Pavas Andinas mientras armamos las carpas, el cansancio del ascenso desde Humocaro Alto a 1000 metros sobre el nivel del mar (msnm) hasta el destino a 2000 msnm en cinco horas de caminata se reduce en el momento en que se respira el aire de un lugar tan reconfortante y alejado de cualquier preocupación que pudieran atravesar nuestros espíritus; el agua helada de la quebrada Buenos Aires apenas deja sumergirnos en un baño al anochecer donde el frío nos acompaña desde ahora.
La noche se acentúa, llega la cena que desaparece en apenas unos instantes, las horas nocturnas pasan en el grupo reunido al calor del interior de la carpa, para irnos a descansar al comienzo de la madrugada.
Las arepas son disfrutadas en un amanecer soleado mientras nos alistamos para llevar alegrías a unos pequeños seres, dejamos el campamento y bajamos a la Escuelita de Buenos Aires, Piña, “el primo” Francisco Acurero y los Guardaparques preparan todo para la tradicional fiesta de navidad a los niños de la escuelita, donde anualmente les regalan juguetes, ropa y comida que es reunida de distintas partes de la región.
Mientras un brincabrinca espera por los niños, Saraí y Delis no desaprovechan para acondicionar la energía en su elástico.
Participación de Simón con sus actos pintorescos.
De a poco van llegando los recreadores y los excursionistas a llevar alegrías a los pocos niños que vienen llegando, pasan los minutos y van llegando más y más niños, se recrean, juegan, comen dulces, ven las presentaciones de malabares de Simón, entran y salen del brincabrinca, juegan a la pelota, vuelven a comer dulces, corren, ríen, preguntan, gritan, cantan, y transcurre una mañana tradicional entre excursionistas, campistas, Guardaparques, padres, representantes y niños, culminando con la alegría y sorpresa de los juguetes, ropas, comida y chucherías entregadas a las manos de los niños de la Escuelita de Buenos Aires, cerrado por la sopa del almuerzo preparada durante la activa mañana del lugar.
Ente abrazos, agradecimientos y alegría se despiden los niños del día tradicional anual de la entrada al Parque Nacional Dinira, en el suroeste del Estado Lara, en plena Cordillera de Los Andes, Venezuela.
Grupo Guardaparques Universitarios.